Podrás reconocer esto en las paredes del infierno, en el sonido gutural del lamento que tocan lluvia, los rayos y el viento, que acompañan en armonía la brutal alevosía de haber tenido inerte, en mis manos, tu cuerpo y haber dejado de verme como uno más en el mundo para ser parcialmente ciego y sostenerme en el bastón tus dedos, ser anexo de tu piel, tus ojos, pozo donde me sostengo.
Y cuando salga de este huerto pintaré en los tiempos negros: “que bien merece la pena el picazón sin gusto de sarna por un segundo de cielo en la orilla de tu alma.”